
Desde el Comité contra la Tortura pidieron "que se les haga los seguimientos de gestación y el cese de los malos tratos físicos y psicológicos”.
Según denunció la Comisión Provincial por la Memoria (CPM), el incidente ocurrió el lunes pasado cuando dos mujeres con embarazos de 4 y 5 meses habrían sido golpeadas y agredidas con gas pimienta por 13 penitenciarios en el sector de sanidad de la Unidad 33 de la cárcel ubicada en Los Hornos, La Plata.
"A partir de la denuncia recibida un equipo de inspecciones se dirigió al penal, donde se encontró con las mujeres fuertemente golpeadas; constatando lesiones visibles en todo el cuerpo: hematomas en piernas, brazos y abdomen y cortes en distintas partes del cuerpo", indicaron desde la Comisión.
"Esta situación profundiza gravemente las condiciones de detención que ya son alarmantes: falta de atención médica, traslados constantes, torturas y malos tratos, aislamiento y castigos, son parte del relato del cotidiano de las detenidas", agregaron.
Y se instó al gobierno bonaerense "a que, sin perjuicio de la investigación, adopte las medidas administrativas correspondientes con personal involucrado e intervenga para garantizar el cese inmediato de violencia ejercida contra las mujeres".
"Entre el año 2012 y la primera mitad del año 2013, la violencia contra las mujeres privadas de libertad se ha incrementado considerablemente. Se han registrado durante 2011 y 2012 casos de pérdidas de embarazos después de las golpizas realizadas por agentes del Servicio Penitenciario Bonaerense", finalizaron.

La reforma migratoria de EEUU, que prevé la legalización de unos 11 millones de inmigrantes, traerá grandes beneficios a la economía del país, como el aumento del Producto Interior Bruto (PIB) en 1,4 billones de dólares durante los próximos 10 años, según un informe de la Casa Blanca.
Según el documento, la ciudadanía incrementará los ingresos de los inmigrantes, “aumentará el PIB en 1,4 billones de dólares durante 10 años, los ingresos de todos los estadounidenses se elevarán en 791.000 millones, los impuestos federales y de estados, en 184.000 millones, mientras que la economía generará 2 millones de nuevos puestos de trabajo”.
Al mismo tiempo, la Casa Blanca desestimó la propuesta de los republicanos sobre la legalización de inmigrantes sin concederles la ciudadanía del país porque “viola los principios básicos del país”.
“El presidente llama a la Cámara de Representantes a poner manos a la obra y está dispuesto a trabajar con todos partidos”, concluye la nota.
La reforma migratoria impulsada por la administración de Barack Obama ya recibió el visto bueno del Senado de EEUU, pero todavía pende de la aprobación de la Cámara de Representantes, de mayoría republicana.

La deuda pública de Japón alcanzó en junio la cifra récord de 1.000 billones de yenes, o 10,4 billones de dólares, y podría superar los 1.100 billones de yenes, o 11 billones de dólares, para finales del año financiero que expira el 31 de marzo de 2014, informó el Ministerio de Finanzas nipón.
La cifra exacta es de 1.008.628.100.000.000 yenes. Las autoridades japoneses esperaban que la marca de 1.000 billones quedara superada solo hacia finales de marzo del año que viene.
La deuda pública per cápita de la tercera economía del mundo es de 7,9 millones de yenes, o 82.000 dólares.
La aceleración del crecimiento de la deuda pública que representa ya más del doble el PIB de Japón se agravó en los últimos años por los gastos de reconstrucción después del terremoto y tsunami del marzo de 2011.
Los expertos no excluyen que el aumento del endeudamiento del Estado reducirá el interés de los inversores por bonos de largo plazo y el incremento de las tasas de crédito lo que podría empeorar aún más la deflación.
Para paliar el crecimiento de la deuda, el Gobierno del país anunció el plan de incrementar, por primera vez en 15 años, el impuesto sobre consumo pasando del 5% al 8% en 2014 y al 10% en 2015. Sin embargo, gran parte de los japoneses se sigue oponiendo a esa medida.

Facebook está realizando pruebas de un sistema que permitirá a los usuarios realizar pagos electrónicos en aplicaciones de terceros sin tener que introducir cada vez los datos de tarjeta bancaria, informó AllThingsD.
Según la fuente, a los usuarios les bastará con indicar los datos bancarios en su cuenta. El portal de ofertas del día de moda juvenil JackThreads será el primero en probar el nuevo sistema.
Inicialmente, los expertos especularon que de esta manera Facebook busca arrebatarle el pastel al gigante de pagos electrónicos PayPal. Sin embargo, la red social no se encargará del procesamiento de pagos: los datos bancarios de los usuarios se transferirán de manera automática al respectivo sistema de pagos utilizado por cada aplicación, PayPal incluido.
Actualmente, entre las empresas no financieras Apple es la que dispone de la más grande base de datos de tarjetas bancarias de los usuarios. En junio pasado, su iTunes y App Store totalizaban unos 500 millones de cuentas, una mayoría aplastante de las cuales tiene asociada una tarjeta bancaria.
Si Facebook, con más de 1.000 millones de usuarios, llega a lanzar su propio sistema de pagos podrá desbancar a Apple en cuanto a la mayor base de datos bancarios y, lo que es más importante aún, tendrá acceso a la información sobre las compras de millones de personas, un recurso de lo más valioso para los anunciantes.
En su último libro, la “La oscuridad y las luces”, Eduardo Grüner analiza la primera revolución en el continente verificado en Haití durante 1805. Sociólogo, crítico cultural, fue despedido de la UBA a los sesenta y cinco años con la excusa que debía jubilarse.

Alarmados, los funcionarios habían notado que con el correr de los años el pensamiento del docente ganaba en juventud y espíritu crítico. Lúcido, de una filosa ironía de cuyas estocadas disfruta, Grüner habló de los límites del neo-desarrollismo pisoteados en estos días por las masas en Brasil, y su convencimiento de que no se trata de discutir cuáles forma de capitalismo queremos sino de debatir las alternativas a un sistema que agoniza y amenaza a arrastrar en su hora terminal, a la Humanidad en su conjunto.
-Algunos ven a la actual crisis como el principio del final del capitalismo. Como todo policial negro, la historia del capitalismo está repleta de crímenes. ¿Cree que en este relato, el villano morirá de muerte natural? ¿No es confiar demasiado en el destino?
No conozco ninguna “izquierda” que confíe (ni demasiado ni un poco) en el destino . En todo caso, desde los trágicos griegos para acá, el destino es más bien algo para temer antes que para tenerle confianza. Que el capitalismo mundial, carcomido desde adentro por sus contradicciones estructurales, está en situación de crisis terminal, no cabe ninguna duda. No hace falta ser muy de izquierda para constatar eso: se puede apenas ojear el New York Times o The Economist para comprobar el pánico generalizado que cunde entre las clases dominantes de las grandes potencias capitalistas (incluso las “emergentes”, como China): desocupación, pauperización, derrumbe de los restos de “Estado de Bienestar”, degradación de los servicios de salud y educación, catástrofe de la vivienda, etcétera. Y no para allí: guerras, terrorismo, racismo, fundamentalismos de todo tipo. La crisis no es una mera cuestión económica: es una gigantesca descomposición política, social, cultural, moral y hasta psicológica. El villano no está muriendo de “muerte natural”, sino de su propia podredumbre interna. Su misma historia es un cáncer nauseabundo que lo mina desde la raíz. Como en el famoso cuento del señor Valdemar de Edgar Allan Poe, ya está muerto y descomponiéndose, sólo que ni él ni nosotros terminamos de darnos cuenta. Ahora bien, no es cuestión de esperar que su “destino” se cumpla. Porque, mientras tanto, esa peste nos contamina a todos –puesto que todos, nos guste o no, somos partículas del sociometabolismo del Capital al que alude István Meszarós-, y va a terminar arrastrando a la humanidad al abismo: como decía Rosa Luxemburgo, el socialismo no es la única posibilidad: la otra es la más absoluta barbarie.
El capitalismo ya ha abierto esa puerta: estamos en estado de vértigo, asomados al vacío. Por fortuna los pueblos, aunque a veces pareciera que llegan al borde de ese precipicio paralizados, finalmente reaccionan: ahí están las “primaveras árabes”, Turquía, Brasil, y todos los días hay alguna novedad en ese sentido. Esas reacciones son todavía confusas, contradictorias, fragmentarias, no tienen una organización o dirección coordinada, ni un proyecto alternativo visible. Parecerían estar aún en la fase de pura negatividad . Pero no son, me parece, cualunquismo anti-político ni mera rabia del “que se vayan todos”. Algo diferente está ocurriendo, sólo que está en el punto de puro acontecimiento , sobre el cual no podemos todavía establecer códigos. Lo importante es que cada vez más sectores de la sociedad mundial empiezan a comprender que dentro de los límites del “sociometabolismo” no hay salvación posible.
No se trata de ilusionarse con esperanzas desmedidas o apresuradas, pero sí de extraer una lección eterna: el villano siempre necesita que le demos el último empujón, antes de que algún milagro satánico le permita recuperarse. Entonces, no, no es cuestión de “confiar” en que la Historia con mayúscula lo saque de en medio: eso sería creer que la historia es como la Naturaleza, con leyes rígidas y repetitivas que se van a cumplir a rajatablas. Pero la historia es algo que hacemos todos , aunque no podamos elegir las condiciones en que la hemos heredado. Cito, como casi siempre, a Sartre: no se trata de lamentar lo que la historia nos ha hecho, sino de averiguar qué somos capaces de hacer nosotros con eso que nos ha hecho.
Brasil, un cóctel que no tenía que explotar pero explotó
-En estos días Brasil presenta un fenómeno interesante. A la irrupción de las masas en las grandes ciudades ahora se suman las centrales obreras, los trabajadores organizados. ¿Las tibias mejoras de los últimos años en el vecino país tienen que ver con esta reacción popular y las limitaciones de un modelo?
La pregunta es asimismo interesante. En estos casos suele haber un grado alto de incertidumbre sociológica y política: ¿dónde trazamos la raya, la frontera, entre las mejoras “intra-sistémicas” que producen una suerte de satisfacción conformista, y las que, al contrario, terminan promoviendo más demandas que no van a poder ser satisfechas en los límites del sistema tal como es? ¿Y si, además, los mismos que al principio se “conforman” en otro momento ya no lo hacen más? Por otra parte, mucho depende del “modelo” de legitimación sobre el cual se ha construido la conformidad. Primero, el modelo económico-social: en el caso de Brasil (pero no es el único), como se ha repetido hasta el cansancio, en la década pasada se han ido incorporando entre 30 y 40 millones de personas a una mayor capacidad de consumo. Pero es de consumo : en nada ha cambiado –incluso se ha deteriorado- su posibilidad de acceso a un buen sistema de salud, de educación, de transporte, rubros que siguen estando marcadamente “elitizados”.
Además, esa ilusión tibiamente “desarrollista” de nueva clase media (un “logro” al menos curioso proveniendo de un partido de origen sindical) ha planeado por encima de una estructura social que está entre las más regresivas del mundo en términos de la brecha entre los más ricos y los más pobres. Paradójicamente, la “creación” parcial de una nueva clase media (suponiendo que es eso lo que haya ocurrido, en el mejor de los casos) agudiza el contraste en la percepción de los que quedaron afuera, y provoca una suerte de resentimiento social al subrayar la inequidad. Agréguense la grotesca corrupción de la clase política dominante, la economía clandestina y paralela pero fuertísima del narcotráfico y sus consecuencias de violencia, etcétera. Y finalmente, el hecho –que también ha sido muy mencionado en las últimas semanas, aunque me parece que sin sacar todas sus conclusiones- de que las masas populares brasileñas, con pocas excepciones históricas, fueron siempre más bien receptoras pasivas que protagonistas de su propia historia: el “mejoramiento” de ciertos sectores, pues, no hace más que despertar ese deseo de protagonismo autónomo, que choca contra la rigidez del sistema político tradicional (que ni Lula ni mucho menos Dilma pudieron o quisieron transformar de fondo). Esa mezcla era un cóctel que no tenía por qué explotar, pero explotó. Hay siempre un elemento de indeterminación en estos acontecimientos. Pero una vez que el acontecimiento ocurre, nos damos cuenta retroactivamente de que había condiciones para su ocurrencia. En efecto, la dialéctica entre demandas crecientes y una parálisis sistémica para satisfacerlas produce una presión subterránea que tarde o temprano estalla por algún lado. Es interesante que tanto en Brasil como en Turquía el “pre-texto” fue una protesta “municipal” relativamente menor –un módico aumento en el pasaje del transporte público, el proyecto de construir un shopping en un parque- transformada en una bola de nieve vertiginosa que pone en jaque al sistema político de conjunto, y que no se detiene simplemente dando marcha atrás con las impopulares medidas que la pusieron a rodar. Y no solo eso: que en Brasil ahora se sumen las centrales obreras podría significar un salto cualitativo enorme que haga saltar al movimiento por encima del “corralito” social de la juventud pequeño-burguesa, etcétera. Veremos: la cosa se mueve.
-Muchos intelectuales críticos se han sumado al gobierno K. El problema es que la militancia oficialista parece no haberles dejado lugar para la capacidad crítica. Son solidarios con Evo Morales pero se atragantan cuando a los qom el Vaticano parece más accesible que la Casa Rosada.
Es una cuestión bien compleja. Un “intelectual crítico”, me parece, no es solamente el que critica a un gobierno de turno, a las corporaciones económicas o a la ideología dominante en los medios, y así. Es, ante todo, el que empieza por someter a (auto) crítica su propia relación (consciente o inconsciente) con el poder. No digo que sea nada fácil de hacer: los dispositivos culturales hegemónicos (lo digo en plural, porque hay más de uno, sean opositores u oficialistas, que se alimentan mutuamente) generan casilleros de sentido común, “andamiajes” de significaciones básicas, y el debate queda encerrado en esos “corralitos” (K / no-K, y así). Hasta los intelectuales más avisados podemos caer en ese “doble vínculo” ideológico. Hay que intentar resistir, incluso forzándose a eso.
No se puede estar opinando sobre todo el tiempo, porque seguro que metemos la pata. Hay, sí, creo, un principio primero: conservar cierta autoimpuesta distancia irónica, para poder mantener la mayor autonomía de juicio posible. Esto no implica no tomar partido, sino al contrario, tomarlo apasionadamente pero con rigor y serenidad crítica. Y es imposible –lo sería para mí, al menos- hacerlo como más o menos orgánico de cualquier “oficialismo” (hay un oficialismo de la oposición, también). Todo eso es un esfuerzo, pero no es un mérito: es el resultado de toda una historia del moderno intelectual crítico después de la II Guerra Mundial (pienso en “modelos” como Sartre o Pasolini), condenado a desgarrarse entre las figuras del intelectual tradicional, “académico”, y el intelectual “orgánico”, de tipo gramsciano. En el medio hay una tierra de nadie, una especie de exilio desclasado. Allí estamos: des-territorializados , como se dice, sin dejar de buscar un lugar. No es una solución, ni una receta: es lo que se puede hoy. Pero me permito insistir: todo oficialismo es necesariamente paralizante para la crítica. Ninguno nos va a dar ese lugar, se mueven con otra lógica. Ya se ha visto hasta el hartazgo que es una vana ilusión creer que se puede intelectualmente influir sobre el poder. A veces, quizá, habrá que hacerlo (cada uno sabrá cuándo), pero entonces se abraza otro compromiso, no estrictamente “intelectual”, como yo lo concibo.
El final de las “restauraciones” bonapartistas
-Aquel 2001 del “que se vayan todos”, terminó sin que la clase política sufriera un rasguño, ¿o lo que sucedió realmente, es que ese sentimiento continúa latente?
No creo que sean instancias y momentos políticos comparables. Téngase en cuenta lo siguiente: en diciembre de 2001 habíamos tocado fondo, el país entero era un polvorín a punto de estallar, allí sí sabíamos que eso podía ocurrir en cualquier momento, y ocurrió. Pero, pese a toda su espectacularidad y dramatismo (y costo de vidas), el estallido fue limitado. No es mi intención minimizarlo, porque supuso para las masas populares un aprendizaje importantísimo en términos de su autonomía de acción política y autoorganización (las asambleas, los piquetes, las fábricas recuperadas, la democracia “horizontal”, etcétera). Sin embargo, por un lado no se pudo articular un proyecto, una organización consistente ni una dirección políticamente consciente que implicara una transformación radical, un viraje hacia “otra lógica”; y por otro, el “Que se vayan todos” aludía a los políticos tradicionales, a los “representantes” malos o corruptos, pero no alcanzaba a, digamos, las multinacionales o las clases dominantes en su conjunto. Ese hiato entre la negatividad del cuestionamiento y la positividad de un proyecto alternativo permitió que la fracción más inteligente de la clase política tradicional –digamos, para abreviar, la fracción “K”- pudiera lograr una suerte de “restauración” del sistema político burgués, también al calor del llamado “viento de cola”, y recoger algunas de las demandas del 2001 para reconstruir parcialmente la legitimidad del sistema.
Ahora estamos en una fase muy diferente, tanto a nivel nacional como mundial. La crisis global del Capital se ha profundizado muy agudamente a partir del 2008, el “viento de cola” amainó muchísimo, y hemos entrado en una nueva etapa (brumosa, sin duda, y no siempre plenamente consciente, pero el “ruido” es innegable) de cuestionamientos, con mucho menos “resto” para hacer un bonapartismo creíble y ahondar la equidad y la inclusión de “todos y todas”.
Resumiendo: otra vez retroactivamente, ahora vemos que diciembre del 2001 estaba al principio de un nuevo ciclo burgués, que fue posible por las limitaciones de aquel movimiento; ahora, en cambio –y no solamente en la Argentina, como muestra el ejemplo de Brasil- estamos al final de esas restauraciones “bonapartistas”, en el sentido de que ellas ya han dado todas las concesiones que podían dentro de los límites de los respectivos “modelos”. Esa experiencia los pueblos ya la hicieron: a partir del nuevo “vacío” que podría abrirse, tendrán que imaginar otra. Ojalá puedan reactivarse las huellas de aquel “aprendizaje” del 2001/2002, no para repetir lo mismo con todas sus fallas, sino para al menos acercarse a la creación colectiva de esa “otra lógica” que citábamos.
-Generalmente, el reformismo cuando no profundiza el reparto de la riqueza, deriva en gobiernos más de derecha. ¿Es un escenario posible para la Argentina, o usted piensa que poca cosa va a cambiar…? ¿Cómo caracteriza al actual gobierno?
En cierto modo, la caracterización del kirchnerismo ya la hice telegráficamente en la respuesta anterior. Digamos, rápido: fracción muy “astuta” de la clase política tradicional que advirtió que para reconstruir un capitalismo “serio” (los de Menem y la Alianza aparentemente habían sido “en broma”) tenía que producir un cierto viraje respecto del neoliberalismo más salvaje, prestar un poco de oídos a las demandas del 2001, procurar una “mediación” entre las fracciones de la burguesía y entre esta y los sectores populares sin alterar sustantivamente la lógica básica de acumulación, jugar algunos gestos de autonomía respecto del Imperio, y así.
Genéricamente dicho: bonapartismo más o menos reformista. Ningún misterio. Con una situación económica internacional relativamente favorable y cierta capacidad estatal para distribuir e “integrar”, la cosa durante un tiempo marchó relativamente bien (con los tironeos del caso como ocurre siempre en los bonapartismos, las pataletas histéricas de la clase media irracionalmente “gorila” y del “Clarín”, nada grave), compensando ciertas concesiones a las clases populares con alianzas “cruzadas” con fracciones de la burguesía, la burocracia sindical y la vieja clase política, especialmente la peronista (sobre todo después del fracaso o abandono de la transversalidad”).
Esta posibilidad de un precario equilibrio se rompió en el 2007 / 2008: el llamado “conflicto del campo” y los que vinieron después fueron –con todas sus especificidades- una refracción del ahondamiento de la crisis internacional y el fin del “viento de cola”. A partir de allí, y aún con todas las idas y vueltas que se puedan contabilizar, el “giro a la derecha” era inevitable, como lo es siempre que los bonapartismos alcanzan un límite de su “relato” que implicaría, como decíamos, pasar a otra lógica de transformaciones estructurales más profundas. Algo que no está dispuesto a hacer, por razones “de clase”. Véase Perón a partir de 1951 y en 1974, por ejemplo. Y bien, ahí tenemos el motivo estructural -más allá de las voluntades individuales, incluso- de la “derechización” sintomatizada por la ley antiterrorista, el proyecto X, o en estos días, y en otro registro pero que no es ajeno, el acuerdo escandaloso con Chevron y el ascenso de Milani. El gobierno no tiene otro camino, va a seguir así. Y aclaremos: cualquier otro que viniera haría lo mismo, quizá aún peor; si el gobierno no es la solución sino parte del problema, la oposición “burguesa” tampoco puede ofrecer salida alguna. En lo esencial va a seguir todo igual, es decir peor.
La historia, conflictos y votos
- ¿Donde está la izquierda?
La izquierda, en el sentido más general del término (“general”, pero no impreciso: para mí “izquierda” significa una crítica radical que tiende a transformar de raíz los andamiajes del “sociometabolismo”, y no cualquier “progresismo”) está dondequiera una praxis combativa logre mostrar lo que veníamos diciendo: que no hay solución dentro de los límites actuales del (o de los) “modelo/s”. La izquierda es una dis-locación de la lógica dominante, que por lo tanto no puede evaluarse con los códigos convencionales del sistema político burgués: desde ya, se presenta a elecciones y aspira a conquistar bancas o espacios en las instituciones estatales, pero eso es solo un momento de aquella praxis.
El peso verdadero de la izquierda no está en la cantidad de votos (aunque cuantos más, mejor) sino en los conflictos que protagoniza, en la militancia cotidiana. En este sentido, hay que distinguir: si es por conflictos y militancia, hay mucha izquierda últimamente, ya sea que se defina explícitamente así o no, en los movimientos barriales y juveniles, en el sindicalismo combativo, etcétera (incluso quienes se autotitulan kirchneristas a veces llevan adelante conflictos que al gobierno no le gustan). Por otro lado, en un sentido “partidario”, está el FIT (Frente de Izquierda y los Trabajadores), una novedad importante en el panorama político reciente, más allá de limitaciones y contradicciones propias: es la primera vez desde el retorno de la democracia que distintas fuerzas de izquierda apuestan a la unidad dentro de sus diferencias, y eso puede implicar un “salto cualitativo” que no se reduzca a la suma de las partes. Vale la pena a su vez apostar a esa apuesta, por decir así: en primer lugar, para que al menos exista en el espacio público una voz radicalmente distinta, que empiece a discutir no meramente qué capitalismo queremos, si no si queremos el capitalismo o somos capaces de inventar otra cosa. Esto tampoco, obviamente, lo va a hacer la oposición de derecha, ni siquiera la de “centroizquierda”.
Artículo publicado en el Periódico de la CTA Nº 96, correspondiente al mes de julio de 2013
La Unión de Conductores de la República Argentina (UCRA-CTA) fue convocada por el Ministerio de Trabajo de la Nación para firmar un acuerdo y darle fin al conflicto anunciado por el gremio. Por medio de este acuerdo, la cartera laboral se comprometió a que todos los trabajadores de la actividad del transporte perciban el aumento salarial y las sumas adeudadas. Al salir de la reunión los trabajadores organizados en UCRA-CTA fueron agredidos por patotas que los esperaban en la puerta de Alem 628.
La UCRA-CTA, junto con la CTA Capital, convocó ayer al promediar la tarde a una Conferencia de Prensa en la sede de la Central porteña ubicada en Avenida Independencia 766 para comunicar el resultado de la reunión que mantuvieron con Norberto Ciaravino, Jefe de Gabinete del Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social de la Nación.
Frente a los medios, Silverio Gómez, secretario General de UCRA anunció: “El reclamo que estábamos realizando es que hasta la fecha no se abonó el aumento del 23 por ciento que se acordó en los últimos días de marzo, para que lo empezaran a cobrar los primeros días de abril todos los trabajadores que se relacionen con el Transporte de automotores de Larga Distancia.”
“La medida de fuerza se iba a realizar en Retiro, como en varios puntos del país. Estaba todo preparado porque estábamos totalmente seguros que esto se iba a realizar de la manera que lo anunciamos en conferencia de prensa. Gracias al Ministerio de Trabajo y algunas conversaciones telefónicas que hizo el compañero Carlos Chile, secretario General de la CTA Capital para no ir a un enfrentamiento a Retiro. Porque queremos resaltar esto, nos parece totalmente irrisorio que llevaran a 350 gendarmes y 300 de la Federal para esperarnos a los trabajadores que íbamos a hacer un reclamo tan justo como es el que estamos exigiendo”, sostuvo Gómez.
Quien además agregó: “Fuimos al Ministerio de Trabajo, citados, se firmó un acta que para nosotros es muy importante, porque hemos podido firmar un acuerdo ante la cartera laboral como UCRA, nuestra organización. Nosotros no somos un grupito minoritario como dicen en algunos medios, somos la segunda fuerza de transporte de pasajeros a nivel nacional que seguramente el año próximo podría estar sentada ya en la paritaria frente a estos señores que históricamente han negociado a espalda de los trabajadores. Vamos a trabajar todo lo que tengamos que trabajar para que la próxima paritaria se acaben los negociados a espalda de los trabajadores que históricamente se han hecho en nuestro país en nuestro sector”.
“Para nosotros la firma del acta fue un logro terrible, pero repudiamos públicamente lo que sucedió cuando salíamos del Ministerio de Trabajo. Esto lamentablemente nos hizo acordar a Mariano Ferreyra. Repudiamos públicamente que sigan existiendo patotas que fueran a agredir a nuestro secretario de Organización, Walter Carrizo, seguramente porque les duele que de a poco se le van acabando todos los curros que han logrado a costillas de los trabajadores”, concluyó el compañero.
Luego fue el turno de Horacio Meguira, Director del Departamento Jurídico de la CTA, quien analizó: “Justo que ayer -por el jueves- con el Diputado Víctor De Gennaro presentamos un nuevo proyecto de Ley de Asociaciones Sindicales que intenta democratizar al sindicato y su posición ante la sociedad, sucede este hecho. No cabe más que asociarlo. Yo creo que es un sindicalismo que se va, que ya no tiene razón de existencia, que pierde representatividad, ante un sindicalismo que intenta una nueva forma de presentarse ante los trabajadores, con participación, democracia y libertad sindical.”
“El Ministerio de Trabajo ha pedido especialmente que haga llegar los videos y todo el material que haya. Se le va a hacer saber para que conozcan a qué grado de conflictividad llega hoy el sindicalismo, al punto de enfrentarse y dañar físicamente a compañeros. Estos aparatos existen desde hace mucho tiempo, están aceitados y preparados para impedir la voluntad del colectivo, simplemente para que las decisiones continúen en una línea, en una parte muy pequeña de la representación sindical”, explicó Meguira.
Por último expresó: “Me alegro por el reconocimiento, que no es más que la aplicación del último fallo de ATE, y realmente me preocupa que continúen este tipo de agresiones hacia compañeros que representan la realidad de los trabajadores del transporte”.
Finalmente, para cerrar, Carlos Chile, secretario General de la CTA Capital dijo: “Hemos tenido un día de muchas tensiones, quiero fundamentalmente ratificar el camino que ha tenido esta Central. Nosotros vamos a hacer las denuncias penales pertinentes, el compañero Walter Carrizo va a ir ahora a un hospital público para poder verificar las lesiones y el martes a primera hora con los compañeros del Observatorio Jurídico de la Central vamos a hacer una presentación judicial tendiente a identificar a los responsables de esta agresión, nosotros presumimos que hay responsables materiales y políticos”.
El movimiento Tamarod, un grupo juvenil opositor al Gobierno islamista de Mohamed Morsi, llama a rechazar la ayuda financiera de EE.UU. para impedir su intervención en los asuntos internos de Egipto.
El movimiento colgó la petición en su página web bajo el nombre 'Dejemos la ayuda exterior' para recaudar firmas. Según explica, el objetivo de la iniciativa es recuperar la plena soberanía de Egipto y el control sobre sus asuntos internos y poner fin a años de humillación y dependencia política.
Argumentó que Washington interfiere de una manera indebida y "apoya a los grupos terroristas". Tamarod formuló explícitamente que lo que pide es el fin del acuerdo de paz con Israel (la financiación estadounidense de las Fuerzas Armadas de Egipto es un punto fundamental del tratado de paz egipcio-israelí de 1979). El grupo insiste en que es la única manera para que Egipto se sienta libre de asegurar sus fronteras.
Egipto es el segundo receptor de ayuda financiera de Washington después de Israel. Las donaciones al país árabe consisten en 1.300 millones de dólares anuales, más armamento y tecnología. Además, más de 500 oficiales egipcios reciben educación militar estadounidense cada año. Después de la revolución de 2011, El Cairo recibió casi un cuarto de todos los fondos estadounidenses destinados a la financiación militar en el extranjero.

Según filtran los medios estadounidenses, Washington y El Cairo mantuvieron intensas negociaciones a lo largo de las semanas previas a los violentos choques que tuvieron lugar el miércoles. EE.UU. presionó a los generales egipcios para que impulsaran la participación de los Hermanos Musulmanes en el nuevo proceso de transición política, a pesar del derrocamiento del presidente Morsi.
Por otro lado, Washington intensificó sus contactos con los Hermanos Musulmanes para instarlos a dar un paso atrás en su oposición a los militares. En su comunicado de prensa del pasado 15 de agosto, el presidente Barack Obama condenó la violencia por parte del Gobierno egipcio y canceló los ejercicios militares conjuntos, un evento bianual tradicional, programados para el próximo mes, pero no se pronunció sobre la financiación militar.